martes, 14 de junio de 2011

Exteriorizándome

Cómo podía imaginarme que esa mañana, en la que lo único que podía salir mal era que mis odiosos vecinos husmearan por las ventanas mientras me vestía, me encontrara en medio de tan irreal panorama.
Toda la mañana había sentido dolorcitos en diferentes partes de mi cuerpo, nada importante, mi atención estaba volcada a un asunto que tenía que resolver lo antes posible, esconder los restos de la aventura de unos amigos que habían confiado en mi para poner, sino orden, por lo menos una alfombra encima de sus destrozos ¡y vaya destrozos! A los chicos se les ocurrió llevar a cabo una pelea sangrienta por no se que rayos en medio de mi sala...
Mis amigos se escondieron para facilitarme la tarea de ocultar las cosas que no deberían de verse por estar fuera de lugar, ya habían llegado a la casa un montón de familiares que, por la calidad de ser familiares, llegaron en el momento menos oportuno. Piquetitos en el vientre, en el pecho y brazos, fueron los que me recordaron que tenía una tarea por terminar.
Entré a mi habitación para cambiarme y fue cuando descubrí que algo estaba mal, de mi vientre emergió algo que parecían ser intestinos, pero no podía ser, cómo eso podría haber pasado sin haber roto la continuidad de mi piel anteriormente. Los observé con curiosidad y llegué a la conclusión que tenía que ser una hernia, ¡ah!, cosa de nada mas volverlos a meter en su lugar y reparar el defecto, lo hice, pero fue más díficil de lo que esperaba, ocupada en esta labor no me percaté que un poco mas arriba ya tenía otro orificio dónde también colgaban mis entrañas... ahora si que me asusté ¿qué podía ser eso? rápidamente empecé a ponerme una faja y le hablé a mi amiga, que seguía escondida, para que me ayudara, ella sin más miramientos se rió de mi estado de perplejidad alegando que si que me gustaban mis intestinos, jah! ¡Cómo si lo hubiera provocado yo!.
Fuera de mi le grité a mis padres que vinieran en mi auxilio, para que pusieran orden a mi cuerpo que por alguna razón estaba queriendo exteriorizarse, mi padre metió bruscamente mis intestinos solo debajo de mi piel, lo cual hizo que se restirara toda dejandome incluso el labio inferior de una manera dolorosamente hacia abajo. A los pocos segundos inexplicablemente aparecieron fuera de mi mas órganos en diferentes partes de mi cuerpo, en mi hombro, mi pecho, y como en siete orificios más en mi abdomen. Dejé de restirar mi piel porque aparentemente eso no funcionaba, asi que pedí cinta y agua caliente para mantenerme mas o menos a temperatura normal, me imaginaba con mis pobres órganos necrosados y muriendo lentamente, por lo que les metí prisa a mis ayudantes pero su incompetencia solo me hacía sentir enojada.
Al fin, pude meter todo en su lugar, quedé totalmente parchada y con una lycra alrededor de mi cuerpo en caso de futuros accidentes, pero a nadie pareció que esto fuera a ser grave, solo a mi. No visité esa noche el hospital por considerar que fueran nimiedades mías. Me tranquilicé al saber que todo estaba donde debiera de estar, pero de pronto escuché un tren cada vez mas cerca, eso sí que era extraño.
El sonido de una cigarra, de una explosión y un dolor intenso, es lo último que recuerdo...

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